REFLEXIONANDO SOBRE... KATE WINSLET

Kate Winslet en "The Reader" por la que fue premiada con el Oscar a la Mejor Actriz del 2008
(Cortesia de The Weinstein Company)
Kate Winslet es quizás la más atípica actriz de Hollywood. Desde Sense and Sensibility (1995), junto a Emma Thompson y bajo la dirección de Ang Lee, fue evidente que no sólo había nacido una estrella, sino una gran actriz.
Que luego le ofrecieran el papel protagónico en Titanic (1997), la película que todavía corona la lista de las más taquilleras en la historia del séptimo arte, solamente ayudó a cimentarla en el cerrado club de las divas que puede darse el lujo de seleccionar cualquier papel que le guste. El hecho de que después se casara con Sam Mendes, uno de los directores más populares del cine tras American Beauty (1999), le aseguró que los mejores papeles pasarían casi siempre por sus manos.
Es cierto que no todo lo que ha hecho ha sido oro taquillero, pero ella es un talento dotado --y dorado-- con una ejemplar capacidad de inyectarle algo más que naturalidad a un personaje. Cuando se sumerge en un papel como el de Little Children (2006) no lo hace de la misma forma en que lo haría una actriz entrenada en un method acting. Su estilo se basa en el instinto y está en su paraíso creativo cuando el papel requiere de mucha emoción, porque ésa es su fuente inagotable.
En el 2008 Winslet actuó en dos películas que pueden considerarse entre las más importantes del año: Revolutionary Road, junto a Leonardo DiCaprio --su coestrella en Titanic-- y The Reader. Para esta segunda cinta interpreta uno de los personajes más enigmáticos de su carrera, una "mujer de misterio", a la que ella equilibra al borde del melodrama sin dejar que se hunda como un barco de lujo en el Atlántico.
Winslet ya había demostrado poseer un control enorme sobre sus interpretaciones, incluso cuando trabaja en producciones completamente inadecuadas para ella, como Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004), por la que extrañamente fue nominada a un Oscar a la Mejor Actriz, en cambio que fue pasada por alto por la superior The Life of David Gale (2003).
Lo que Winslet reafirma constantemente es que ama su profesión profundamente. Hija prodigio de una familia de actores británicos --nació en Reading, Inglaterra, el 5 de octubre de 1975-- jamás nos pasa por la mente que de-seara ser actriz para simplemente ser una mujer rica y famosa. Lo ha logrado, es cierto, pero sólo como fruto lógico de su dedicación absoluta a perfeccionar su vocación con cada filme.
Verla en la pantalla es siempre un placer, porque aunque es una de las actrices más activas de la industria, sabemos que su meta es trabajar con el mejor material posible. No es el tipo de superstar que se siente obligada a hacer una película "comercial" para mantenerse vigente con un amplio público, y después participar de algo menos comercial pero más "artístico" para satisfacer su propio deseo.
Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en "Revolutionary Road"
(Cortesia de Paramount Vantage)
Winslet no imita, interpreta cada papel a su manera, sin pretensiones, captando la esencia emocional --el alma-- de cada personaje sin que los espectadores nos demos cuenta de su técnica. Por eso, no es extraño comparar sus actuaciones con piezas musicales.
Antes de que América Ferrera popularizara que las verdaderas mujeres tienen curvas, ya Kate Winslet había dejado en claro que no caería en el molde de Twiggy o en el de cualquiera otra colega del pasado o del presente. Por eso es que no es una actriz perseguida por los paparazzi, como ocurre con, por ejemplo, Angelina Jolie. Su carácter y allure son muy diferentes y la popularidad que atrae llega por la calidad de su trabajo. Punto. Revolutionary Road y The Reader son perfectos ejemplos de esta consumada cualidad.



